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martes, 13 de enero de 2015

Mejora la relación con tus hijos.

Este artículo de Yvonne Laborda merece una especial atención, nos da diversas claves para establecer buenas relaciones con nuestros hijos.

COMO MEJORAR LAS RELACIONES CON NUESTROS HIJOS
Que ellos sepan que estamos aquí para ellos, que pueden ser ellos mismos sin miedo a ser juzgados, que quieran y les apetezca compartir parte de sus experiencias con nosotros, que nosotros compartamos parte de nuestras intimidades o preocupaciones y alegrías con ellos, que nosotros seamos absolutamente sinceros con ellos, que nos respetemos los unos a los otros, que tengamos en cuenta los sentimientos y necesidades de todos, que puedan hablar sin que les interrumpamos, que sepan y quieran escucharnos, que nos interesemos por lo que es importante para ellos, que respetemos sus ritmos, que entendamos y aceptemos sus necesidades aun cuando no podamos satisfacerlas, que validemos sus sentimientos, que estemos más presentes, que no estemos pensando en nuestras cosas mientras estamos con ellos…
Podría seguir y seguir escribiendo sobre qué significa para mí estar conectados con nuestros hijos. Lo más importante, en mi opinión, es que se tientan libres de nuestros juicios para poder ser las personas que han venido a ser y que la relación con sus padres sea lo más pacífica, amorosa, respetuosa y sincera posible.
Cuando alguien se siente realmente seguro y aceptado en la presencia de otro ser es cuando uno puede ser realmente él. Cuando hay conexión no hay resistencias ni miedo ni juicios y sin resistencias hay honestidad, transparencia, humildad…
Para mí, estar conectada con mis hijos es anteponer la relación con ellos a todo lo demás. De qué me vale que hagan algo que yo quiero o necesito si hay enfado, critica, decepción, mal estar… para mi es más importante cómo nos relacionamos y cómo nos sentimos que lo que hacemos o dejamos de hacer. Y, ¿sabéis cuál es el regalo inesperado (efecto secundario) cuando anteponemos las relaciones armoniosas y la paz? Pues, precisamente lo que queremos conseguir con amenazas, ordenes, gritos, castigos, premios…
Lo que conseguimos cuando estamos conectados es más cooperación por su parte ya que se sienten más aceptados, queridos, tenidos en cuenta… y ya no cabe lugar para tanta resistencia ni mal estar ya que pueden empatizar con nuestras necesidades. Para que un niño o adolescente pueda satisfacer alguna de nuestras necesidades primero tiene que haber visto y sentido como las suyas han sido satisfechas por nosotros.
Pocos padres somos realmente conscientes de la importancia de estar conectados emocionalmente con nuestros hijos hasta que la perdemos y nos damos cuenta y reconocemos que algo falla o que algo no marcha bien entre ellos y nosotros.

¿Cómo nos damos cuenta?

La mayoría de veces nos damos cuenta de esta desconexión por cómo se comportan nuestros hijos con nosotros o los demás. Cuando no nos guste algún comportamiento de nuestros hijos lo primero que podemos hacer es mirarnos a nosotros mismos por dentro y luego empezar a dar. Cuando empezamos a dar, todo empieza a cambiar.
Una consecuencia de dicha perdida de conexión es la falta de comunicación y de cooperación por parte de nuestros hijos a la hora de empatizar con nuestras necesidades y las de los demás. Uno no puede estar pendiente de los demás si no se siente bien.
Un niño desconectado de sus padres siente cierto mal estar y ese mal estar hace que tenga reacciones emocionales no deseadas. He podido comprobar que a mayor conexión, mayor y mejor comunicación y mayor cooperación.

¿Qué podemos hacer para conectarnos más y mejor con nuestros hijos?

Primero que todo intentar y aprender a conectar con nuestros verdaderos sentimientos y necesidades para luego poder conectar con las de nuestros hijos y demás personas. Si no podemos ni sabemos conectar con nuestro ser más profundo e íntimo, nos va a ser mucho más difícil, por no decir imposible, conectar con el ser de otra persona.
Una vez identificados nuestros sentimientos y necesidades verdaderas, satisfacer las necesidades de nuestros hijos y validar sus sentimientos nos será más fácil y familiar. No olvidemos que nosotros, los adultos, también necesitamos sentirnos “bien” para poder conectar con nuestros hijos y demás personas. Para poder sentir o percibir lo que le pasa al otro primero tenemos que poder estar en contacto con nosotros mismos. Cuando una persona conecta consigo misma y luego con el otro a eso se le llama fusión.
Conectar es poder entrar en el ser del otro sin invadir, sin juicio, sin intenciones… simplemente compartiendo el momento presente por el mero hecho de compartir. Sea un juego, un paseo, una siesta, una comida, una conversación, una mirada, una caricia, un beso…
Hay madres o padres que no pueden o no “saben” cómo conectar con alguno de sus hijos debido a algún comportamiento que no les gusta. Hay como un “rechazo” consciente hacia ese comportamiento e indirectamente hacia el niño/a.
Cuando un niño se siente rechazado, no aceptado, criticado… por sus padres, este desconecta emocionalmente de ellos como mecanismo de defensa y de este modo deja de sentir lo que sus padres están sintiendo por él. Ya no hay fusión emocional por tanto hay desconexión. Para que un niño pueda volver a conectar con nosotros es necesaria mucha confianza. Necesita saber que sus padres le quieren y aceptan tal y como ya es. Eso no significa que su comportamiento sea siempre el adecuado.
Hay una gran diferencia entre el SER y el HACER. Y muchas veces mezclamos los términos o los confundimos. Podemos hacer algo “mal” pero eso no nos convierte en “malas” personas.

Es muy importante diferenciar lo que un niño HACE de lo que él ES.

No somos lo que hacemos. Lo que hacemos, el modo en que nos comportamos, es debido a muchos factores. Principalmente, lo que más influencia el comportamiento de una persona es el cómo se siente. Ya he comentado decenas de veces, y no por ello dejaré de repetirlo, que cuando nos sentimos bien actuamos bien. Cuando nos sentimos mal actuamos mal.
Cuando alguna de nuestras necesidades no está siendo satisfecha o cuando no nos sentimos aceptados, amados, valorados, escuchados, tenidos en cuenta… entonces tenemos reacciones emocionales “negativas” con respuesta a nuestro estado de ánimo.
Nuestro estado de ánimo es alterable y cambiante por tanto nuestra actitud también. Pero nuestro ser es SIEMPRE el mismo. Nuestra esencia es única. La mejor forma para que un niño deje de comportarse de un modo molesto  y se comporte de forma armoniosa es haciéndole sentirse bien. No es el comportamiento lo que tenemos que querer cambiar sino el modo en que se siente el niño e intentar ver qué necesidad no está siendo satisfecha y hacer que se sienta mejor.
Los niños se sienten bien en la medida que haya algún adulto (mamá o papá) que los mire y esté presente.
Nuestros hijos necesitan ser amados por quienes SON y no por lo que HACEN o dejan de hacer.Podemos hablarles sobre esos comportamientos que nos molestan o que tienen consecuencias sobre otras personas… pero es muy importante no mezclar lo que el comportamiento nos hace sentir con lo que sentimos por nuestros hijos.
Cuando alguno de mis hijos grita, en mi opinión, demasiado o es irrespetuoso con alguien intento hablar de lo queha hecho o dicho y no de él como persona. También intento describir lo que el grito o su actitud me hace sentir a mi o a la otra persona pero teniendo presente los hechos en sí y no su persona. Hay que evitar decirles “tú eres…” o “es que tú me…”
Un ejemplo podría ser: “Cariño, esos gritos me molestan (en vez de tú me molestas), no puedo concentrarme (en vez de tú me desconcentras) con tanto ruido” o “algo dentro de mi hace que me sienta mal cuando hay tantos gritos, ¿podrías intentar hablar sin gritar tan fuerte, por favor?”. Otro ejemplo: “veo que le has quitado… a tu hermano sin preguntarle si había terminado y se ha disgustado, a mí también me sabe mal el modo en que le has quitado eso de la mano”.
Fijaros que hablamos y describimos los hechos, no hay frases que empiecen por “tú eres.., tú haces…, es que tú…, tú me… En estos ejemplos podemos ver que lo que se comenta es sobre la acción en sí y no sobre la persona. No hay ningún comentario que desvalorice al niño ni lo critique ni adjetivos que lo describan ni por supuesto “etiquetas”.
En resumen, para que haya conexión o para recuperarla tenemos que primero deshacernos de los juicios que emitimos sobre nuestros hijos y luego estar con ellos. Compartir con ellos nuestro ser.
Una de las mejores formas para poder conectar con alguien es interesarnos y compartir algo que a esa persona le gusta o le apasiona. Tanto si son animales, juegos físicos, aficiones, hobbies, deportes (sino los practicamos podemos ir a verlos o hablar de ellos o ver fotos…), video juegos, películas, libros, temas concretos, comida favorita (a mis hijos les encanta que de vez en cuando les pregunte qué les apetecería hoy para comer y se lo hago a la carta para cada uno, lo valoran mucho), si les gusta coleccionar algo tenerlo en cuenta y de vez en cuando traerles más de eso, escuchar algún tipo de música… que vean y sepan que sus intereses, gustos y opiniones son igual de importantes que las nuestras.
Algo que solemos hacer mi pareja y yo para seguir conectados con nuestros hijos o para recuperar la conexión con alguno es pasar tiempo a solas con cada hijo de vez en cuando haciendo algo especial para él o ella. Es una experiencia maravillosa ver cómo les llena ese momento. Se sienten especiales. Hay veces que simplemente es un rato en una cuarto haciendo algo mientras los otros dos están con papá o haciendo sus cositas. Otro día igual salimos toda la mañana a hacer alguna actividad y luego tomamos una infusión y hablamos un buen rato… Precisamente esta semana lo estamos haciendo y cada uno ya nos ha dicho que día quieren pasar un rato a solas con mamá o papá y qué quieren hacer con cada uno de nosotros.
Cuando hay ese grado de conexión es maravilloso ver cómo están dispuestos a cooperar cuando los necesitamos de verdad. La clave es siempre el amor. Cuando hay amor y paz las relaciones empiezan a cambiar.
Os animo a empezar a conectar más y mejor con vuestros hijos, alumnos, parejas, madres, padres, amigos, compañeros de trabajo… con cualquier persona que se cruce por vuestro camino.
¿Habéis probado alguna vez de simplemente sonreírle a un niño que va por la calle? Su mirada es un regalo. Y si le sonreímos a un adulto sin más también se le ilumina la cara… eso es conexión… eso es amor.
Yvonne Laborda

lunes, 1 de diciembre de 2014

LOS CELOS INFANTILES


Los celos infantiles son una reacción adaptativa que suele durar un transcurso de tiempo determinado, que conlleva alteraciones comportamentales y emocionales, que surge ante un desequilibrio en la dinámica familiar afectiva y que pueden adquirir un carácter permanente si no se actúa de manera adecuada en la familia. Cuando esta alteración dura demasiado tiempo y altera con mucha frecuencia la dinámica familiar tenemos que estar muy atentos.
El papel de los padres, ante los celos entre hermanos, es fundamental, ya que son los responsables de que los celos infantiles adquieran un papel desadaptativo y permanente. A pesar de no poder eliminar la rivalidad, los padres deben ayudar a fomentar una relación saludable entre los hermanos.
Los celos infantiles se denominan también “síndrome del destronamiento”, ya que hacen referencia al desplazamiento y a la pérdida de poder como consecuencia del nacimiento de un nuevo hermano, que es considerado como un rival. Entonces en este momento el niño destronado suele reaccionar con una serie de comportamientos con el objetivo de recaptar la atención del adulto.
Klüber-Ross (1992), refiere que los celos sólo son negativos si alguien los reprime o desprecia al niño por tener esa reacción natural.
Los celos infantiles suelen tener su punto máximo entre los 2 y 4 años. Se puede afirmar que el niño es más proclive a manifestar celos cuando el nacimiento del nuevo hermano tiene lugar antes de los 5 años. Además, si la diferencia entre los hermanos es menor a 3 años, con una probabilidad muy alta, el niño manifestará celos hacia su hermano.
¿Cómo se manifiestan los celos infantiles?
  • El niño tiene comportamientos que no corresponden a su edad. Se observan conductas que nos son propias de la edad evolutiva en la que se encuentra el niño, las cuales tienen como finalidad reconquistar el afecto y la atención de sus padres. P.ej. vuelven a hacerse pis durante la noche, chuparse el dedo, pedir tomar biberón o pecho materno de nuevo, demandar ser tomado en brazos o desear dormir de nuevo en la cama de los padres, alteraciones en el sueño y en la alimentación.
  • Se incrementan las conductas de desobediencia, negativismo y oposición hacia los padres.
  • Se observan en el niño actitudes de indiferencia y retraimiento. El niño decide alejarse de su entorno, parece indiferente y desinteresado por todo lo que sucede a su alrededor y se muestra apático, despistado y aburrido.
  • Somatizaciones. Los celos del niño hacia su nuevo hermano o “rival” se pueden manifestar físicamente a través de dolores de cabeza, problemas digestivos, dolor de barriga o malestar general.
  • Conductas agresivas. La agresividad suele observarse en los casos en los que existe un elevado nivel de celos. No todos los niños que tienen celos de su nuevo hermano se comportan agresivamente, normalmente la agresividad aparece cuando existe una bajo grado de autocontrol, baja tolerancia a la frustración y escasas habilidades para expresar y gestionar emociones. Las conductas agresivas más frecuentes cuando existe un alto grado de celos son pegar, insultar y en caso muy extremos, intentar eliminar físicamente al hermano recién nacido.
Si te encuentras con dificultades para afrontar de manera adecuada el problema de celos que observas en tu hijo y buscas ayuda de un profesional que pueda asesorarte en Psicoeducamur, podemos ayudarte.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

EL DUELO EN LOS NIÑOS

El Duelo en los niños...


Poder llorar la muerte de un ser querido adecuadamente y afrontar la 
pérdida antes de que se produzca, en el momento en que ocurre y 
sobre todo después, hace que el niño/a no pueda sentirse culpable, 
deprimido, enojado o asustado. Cuando ayudamos a nuestros hijos a 
curarse del dolor que produce la herida emocional más profunda de 
todas –la muerte de un ser querido -, los estamos dotando de unas 
capacidades y una comprensión importantes, que le servirán para el 
resto de sus vidas”. William C. Kroen (1996). 

Es interesante saber que el duelo en la infancia ante la pérdida de un ser querido se afronta de distinto modo según la edad, circunstancias que rodean al niño y sobre todo de la actitud que tomen los adultos que rodean al pequeño.
Está claro que el acontecimiento más traumático al que puede asistir un niño es la muerte del padre o la madre.
 El duelo es un proceso que pasa por unas fases determinadas, dura un tiempo determinado y presenta unos síntomas muy característicos .
En niños muy pequeñitos, de 2 a 3 años podemos observar llantos a gritos y reacciones de alerta ante ruidos o personas pudiendo estar pendiente de la aparición del ser que ha perdido.
De 2 a 6 años presentan síntomas de confusión, perplejidad, inseguridad. Aparece el tema de la muerte en los juegos y la preguntas. Además pueden tener conductas regresivas como mojar de nuevo la cama o tener miedo a ir solo a dormir. Aparece el pensamiento mágico, que suele ser por la no aceptación de la pérdida, imaginan que volverá , que dentro de un tiempo aparecerá papá o mamá.
De los 6 a los 9 años ya distinguen perfectamente la realidad y ahora muestran negación, miedo, irritabilidad , e incluso adoptan el papel de la persona fallecida , queriendo cuidar de los hermanos por ejemplo.

Existen falsas creencias acerca del duelo en los peques, tales como que el duelo no se experimenta en los niños, o que suele ser de corta duración, o incluso que debemos tapar las emociones para que no sufran.
Aquí os muestro algunas actitudes que podemos tomar para ayudar al niño a afrontar la pérdida de forma adecuada:
- Dar la noticia cuanto antes con palabras sencillas que el niño entienda.
-Darle mucho apoyo físico y emocional, abrazos besos...
- Dejar claro que vamos a seguír queriendo a la persona, que no vamos a olvidarla.
- Animarle a que exprese sus sentimientos, que llore, grite, que hable...
- Si existe culpabilidad, darle las explicaciones de la verdadera razón de su muerte.
- Con frecuencia, lo que más ayuda a los niños frente a las pérdidas, es
reencontrar el ritmo cotidiano de sus actividades: el colegio, sus amigos,
sus juegos familiares y visitar y hablar a  las personas que quiere.
- Permitirle que participe en los velatorios y funerales para que comprenda mejor el proceso de la muerte y que sepa que no se trata de nada malo, que forma parte de la propia vida y que no se trata de un sueño.
 Y no olvidemos que hay que ser completamente honestos con el niño/a.
 Acompañar a un niño en duelo significa ante todo NO APARTARLE de la realidad que se está viviendo con el pretexto de ahorrarle sufrimiento. De forma contraria, hay que ayudarle a que conozca la realidad y sepa aceptarla, con nuestro apoyo.
El niño durante el proceso de duelo es normal que presente algunos de estos síntomas:
•  Lanto y rabietas frecuentes y prolongadas
• Apatía e insensibilidad
• Un periodo prolongado durante el cual el niño pierde interés por los
amigos y por las actividades que solían gustarle.
• Frecuentes pesadillas y problemas de sueño.
• Pérdida de apetito y de peso.
• Miedo de quedarse solo.
• Comportamiento infantil (hacerse pis, hablar como un bebé, pedir
comida a menudo…) durante tiempo prolongado. 19
• Frecuentes dolores de cabeza solos o acompañados de otras
dolencias físicas.
• Imitación excesiva de la persona fallecida, expresiones repetidas del
deseo de reencontrarse con el fallecido.
• Cambios importantes en el rendimiento escolar
Cuando estos síntomas se prolonguen en tiempo e intensidad no dudes en buscar la ayuda de un profesional. En Psicoeducamur podemos ayudarte.
Piensa que lo más normal es que el proceso de duelo dure de uno a dos años y el pequeño habrá superado la muerte del ser querido cuando sea capaz de sentirse orgulloso de haber compartido momentos con el fallecido y haber sido parte muy importante en su vida.

lunes, 27 de octubre de 2014

¿CUAL ES TU ESTILO EDUCATIVO?




Cuando educamos, a menudo nos hacemos la pregunta ¿ Soy demasiado autoritario, o demasiado permisivo? .¿ Debería ser mas blando, o debería imponer más mis normas?
 Muchas veces observamos en nosotros mismos acciones que denotan ciertos signos de autoritarismo a la hora de educar o por el contrario observamos pasividad ante algunas acciones de nuestros hijos y en ocasiones no sabemos si debemos ser tan exigentes o si por el contrario debemos hacer la vista gorda ante determinados comportamientos de los peques.
 El diálogo es la base de la educación y si bien es cierto que debemos poner límites deben ser dentro de un orden y siempre han de ser claros y precisos.
Existen distintos tipos de estilos educativos que a diario observamos en los padres.

Padres autoritarios: valoran la obediencia como una virtud. Utilizan medidas de castigo o de fuerza, y están de acuerdo en mantener a los niños en un papel subordinado y en restringir su autonomía. Se esfuerzan en influir, controlar y evaluar el comportamiento de sus hijos en función de unos patrones rígidos. No facilitan el diálogo, e incluso llegan a utilizar el rechazo como medida disciplinaria. Este estilo es el que tiene más repercusiones negativas en el desarrollo de los hijos, puesto que muestran falta de autonomía personal y creatividad, menor competencia social, baja autoestima y genera niños 
descontentos, reservados, poco tenaces, poco comunicativos y afectuosos y con tendencia a tener una pobre interiorización de valores. 

Padres permisivos: dotan al menor de gran autonomía, siempre que no esté en peligro su integridad física. Se comporta de una forma afirmativa, aceptadora y benigna hacia los impulsos y las acciones del niño. Lo libera de todo control y evita utilizar la autoridad, las restricciones y el castigo. No son exigentes en cuanto a la madurez y responsabilidad en las tareas. El problema viene dado porque los padres no son siempre capaces de marcar límites en la permisividad, pudiendo llegar a producir efectos socializadores negativos en cuanto a conductas agresivas y logros de independencia. Tenemos a niños aparentemente alegres y vitales, pero dependientes, con altos niveles de conducta antisocial y bajos niveles de madurez y éxito personal. 

Padres democráticos: intentan dirigir la actividad del niño, pero utilizan el razonamiento y la negociación. Tienden a dirigir la actividad del niño de una manera racional, partiendo de una aceptación de los derechos y deberes propios, así como de los derechos y deberes de los niños, lo que 
Baumrind denomina “Reciprocidad jerárquica”, es decir, cada miembro de la familia tiene derechos y responsabilidades con respecto a los demás. Se caracteriza por la comunicación bidireccional y por el énfasis entre la responsabilidad social de las acciones y el desarrollo de la autonomía e independencia en el menor. 
Desde distintos estudios se muestra que este estilo produce, por regla general, efectos positivos en la socialización: desarrollo de competencias sociales, elevada autoestima y bienestar psicológico, así como un nivel inferior de conflictos entre padres e hijos. Estamos hablando de niños interactivos, hábiles en las relaciones con los iguales, independientes y cariñosos. 

Está claro que merece la pena utilizar el razonamiento, negociar con nuestros hijos, aunque sea costoso y no dejar pasar cualquier acción del niño ya sea de forma pasiva o por el contrario mediante la fuerza o el rechazo.

jueves, 17 de julio de 2014

LAS VACACIONES DE NAVIDAD: UN TIEMPO ESPECIAL CON NUESTROS HIJOS







Dentro de poquito, llegan las Navidades y nos planteamos que podemos hacer con todo el tiempo libre que tienen los peques.

Es el momento de hacernos algunas preguntas: ¿Dedicamos bastante tiempo al diálogo con nuestros pequeños y adolescentes? y ¿Conocemos verdaderamente a nuestros hijos?...


Las vacaciones constituyen un tiempo especial en que el acercamiento a nuestros hijos debe ser una tarea prioritaria.Realizar actividades junto a ellos, charlar y conocer sus inquietudes son actividades que durante el año solemos descuidar y es el momento idóneo para realizarlas ya que ahora disponemos de más tiempo para hacerlo. Pensar que el trabajo y las tareas diarias del cole, de la casa...a veces no nos dejan tiempo ni para hablar un ratito con los chavales.


En estas vacaciones os recomiendo seguír unas pautas muy sencillas para aprovechar este tiempo especial y conocer mejor a nuestros pequeños:
  • Debemos dedicar un ratito diariamiente a las tareas del cole. Estudiar y hacer las tareas es prioritario en las vacaciones para no perder el hábito pero no hemos de excedernos pues también tienen que disponer de tiempo para el juego. Sería ideal realizarlas por la mañana cuando la atención se encuentra en su mejor momento y después disfrutar del resto para realizar actividades de ocio y disfrutar de un tiempo compartido con la familia.

  • Fomentar las tertulias, especialmente las que se inician en las comidas y se prolongan después de comer.


  • Organizar planes en familia, aprovechar estas fechas para hacer actividades juntos: ir al cine, a pasear, a ver las calles iluminadas, a contemplar desfiles...También en casa aprovecharemos para hacerlos partícipes de la preparación de la Navidad, las comidas, los adornos de casa, la preparación de la mesa, preparar los villancicos... 


  • Limitar el uso de la TV, que, además de quitar tiempo de juegos y estudio, suprime el diálogo en las familias. Aun siendo un recurso cómodo para controlar a los niños, es conveniente restringir su uso. De igual modo debemos ser cautos con el uso de videoconsolas.

  • Crear un clima de confianza en el que se pueda hablar de todo. 

  • Dedicar unos minutos en exclusiva a cada hijo a diario, en los que los miremos con atención, sin hacer otra cosa que contemplarlos. Un momento estupendo es por la noche al acostarlos. Los hace sentirse importantes, queridos en una palabra. 

Recordar que la infancia de nuestros hijos es un tiempo irrepetible para ellos y para nosotros. No se trata de llenar nuestro tiempo de actividades, sino de momentos compartidos. Debemos priorizar la convivencia todo lo que podamos, despertar el diálogo en cada momento y compartir todas las experiencias que podamos con los niños. El problema de muchas familias es que viven pero no conviven realmente.